Por Luisana Lora | Especial para Informando Baní
En un rincón del Distrito Municipal El Limonal, en la comunidad de Las Veredas, la historia no está escrita en libros, sino en cantos, fogones, rituales y versos que se niegan a morir. Cada año, del 10 al 19 de julio, durante las fiestas patronales en honor a San Juan Bautista, esta comunidad revive con orgullo una de las tradiciones más simbólicas y emotivas de la provincia Peravia: la sarandunga.
No es solo una fiesta popular. Es una manifestación de fe, identidad y resistencia cultural que ha perdurado gracias al compromiso silencioso pero poderoso de familias que se han convertido en guardianas de esta herencia. Confesor González, Juan Francisco Báez, y representantes de las familias Mojica, Percel, Báez y González, han asumido con amor el deber de mantener viva esta celebración que atraviesa generaciones.
Un ritual que comienza al alba
El 19 de julio, día grande de la celebración, los primeros rayos del sol despiertan a La Vereda con un ritual ancestral: el baño ritual al santo, una práctica de profundo respeto espiritual que marca el inicio de la jornada. Luego, se realizan recorridos por la comunidad en un ambiente de fe, alegría y tradición, que culmina con la gran zarandonga, una fiesta popular donde se prepara sancocho, se comparte bebida y se canta al ritmo de versos cargados de picardía, identidad y memoria colectiva.

Desde las 10 de la mañana hasta las 5 de la tarde, la gente se congrega alrededor de una casa muy especial: la vivienda materna de Mengoy y Coye, figuras clave en la historia oral de esta tradición. Esta casa, que ha pasado de generación en generación, no solo es un punto de encuentro, sino un símbolo vivo de lo que significa arraigo, comunidad y pertenencia.
En ese mismo lugar, una mata de guatapaná de origen incierto pero de presencia majestuosa cobija la actividad central. Es bajo su sombra que la sarandunga se canta, se celebra y se transmite, como si la naturaleza misma protegiera esta tradición del olvido.
Una tradición que llama al presente
Para este año, se espera la participación de la Escuela de Folklore y de estudiantes de universidades como las de Barahona y San Pedro de Macorís, interesadas en documentar y vivir esta manifestación cultural. Los gestores aprovecharon para hacer un llamado abierto a centros educativos, liceos, universidades y espacios académicos de la provincia, para que se sumen a estas actividades y conozcan de cerca el valor cultural que representa la sarandunga para Peravia y el país.

Falta de apoyo: una preocupación que persiste
A pesar del esfuerzo comunitario, los organizadores expresaron su preocupación por la escasa atención de parte de instituciones y autoridades locales. Señalan que esta tradición se sostiene únicamente por el compromiso de las familias, y que cada año implica sacrificios personales y económicos para poder continuar con la celebración.
“Estamos haciendo ingentes esfuerzos para que esta tradición no se pierda. No es solo una fiesta: es parte de nuestra historia y de lo que somos como pueblo”, expresaron con determinación.
Patrimonio vivo de Peravia
La sarandunga no aparece aún en las rutas turísticas formales ni en los planes culturales institucionales, pero es, sin lugar a dudas, un patrimonio vivo. Representa lo mejor del alma banileja: una mezcla de creatividad, devoción, alegría y resistencia. También es una oportunidad para fomentar un turismo cultural auténtico, que conecte con las raíces del pueblo y valore expresiones que surgen del corazón de las comunidades.
Una herencia que no debe morir
En tiempos donde las tradiciones se desvanecen y el olvido amenaza con borrar nuestras raíces, la sarandunga de Las Veredas es un canto suave pero firme que dice: “Aquí seguimos. Aquí estamos.”
Que esta fiesta no quede como un recuerdo de unos pocos, sino como una inspiración para muchos. Porque cuando un pueblo canta su historia, baila su fe y cocina su identidad, nunca muere del todo.

