Titulares

    Casas sobre el peligro

    En Baní ya no se puede hablar de “desastres naturales”. Lo que vivimos, cada vez que llueve fuerte, es el resultado directo de una peligrosa costumbre: construir donde no se debe.

    Cada temporada de lluvias desnuda el mismo drama: viviendas levantadas a orillas de cañadas, sobre los bordes de arroyos y en terrenos donde el agua tiene memoria. Y el agua, como la verdad, siempre busca su camino.

    Los sectores 30 de Mayo y Las Colinas son el más reciente recordatorio de esta realidad. En la madrugada de este jueves, las cañadas volvieron a desbordarse, dejando casas anegadas, calles intransitables y familias al borde del colapso emocional. Pero más allá del fenómeno climático, lo que vimos fue el resultado de años de improvisación y permisividad.

    En Baní —como en gran parte del país— se construye sin estudios de suelo, sin permisos, sin previsión.
    Y no se trata solo de quienes buscan un techo, sino también de autoridades que miran hacia otro lado, que otorgan solares en zonas vulnerables o permiten construcciones sin planificación, sacrificando la seguridad por conveniencia política o económica.

    Hoy, esos errores se traducen en tragedia.
    Cada casa levantada al borde de una cañada es una historia en cuenta regresiva.
    Cada familia que se acuesta escuchando el rugido del agua vive entre el miedo y la resignación.

    No hay desarrollo posible sobre terreno inestable.
    Las lluvias seguirán llegando —huracanes o no—, pero si no detenemos esta práctica irresponsable de ocupar las márgenes de ríos y cañadas, seguiremos midiendo las pérdidas en lágrimas y lodo.

    Es momento de tomar decisiones firmes:
    reubicación digna, planificación urbana real y una ciudadanía consciente del riesgo.
    De lo contrario, Baní seguirá construyendo, literalmente, sobre el peligro.

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