Titulares

    “Déjala ir”: que esta vez el intento sea definitivo

    Por Luisana Lora

    En República Dominicana llevamos demasiados años despidiéndonos de mujeres que no debieron morir. Detrás de cada nombre hay una historia que se apaga de forma brutal, un hogar fracturado y unos hijos que crecerán con la palabra miedo tatuada en el alma. Y cada vez que ocurre, el país vuelve a estremecerse, promete cambios, y vuelve a caer en el silencio… hasta el próximo crimen.

    Esta semana, el Congreso Nacional ha presentado una reforma que podría marcar un antes y un después. Se llama “Déjala ir”, y más que un proyecto, busca ser una respuesta integral a una tragedia colectiva. Una promesa de que no habrá más Mayras, más Doris, ni más niñas y niños que queden huérfanos del amor y del futuro.

    La diputada Kimberly Taveras, quien encabeza la iniciativa, lo definió bien: no se trata de una ley más, sino de una arquitectura de esperanza, una red que quiere atacar las raíces del mal. Porque la violencia contra la mujer no empieza con un golpe: empieza con una mirada que humilla, con un control que asfixia, con una sociedad que todavía enseña a las niñas a aguantar y a los hombres a dominar.

    La propuesta incluye reformas profundas: tribunales especializados, educación emocional desde las escuelas, programas de igualdad, control de armas, y políticas de cuidado que permitirían prevenir antes que lamentar. Es, por primera vez, un abordaje que reconoce que el feminicidio no es solo un delito, sino un fracaso social.

    Pero que no se repita la historia.
    Que esta vez no sea otra de esas iniciativas que mueren en los pasillos del Congreso, mientras afuera siguen matando mujeres. Que el país entero acompañe este proyecto, no solo las instituciones. Que las familias, las iglesias, las escuelas y los medios abracen su parte de la responsabilidad.

    Porque no basta con endurecer leyes, hay que transformar mentalidades.
    Y eso solo se logra si como sociedad dejamos de normalizar el control, el acoso, la humillación y los celos disfrazados de amor.

    En lo que va de 2025, la Fundación Vida Sin Violencia registra 50 feminicidios íntimos y 64 huérfanos. Detrás de esas cifras hay nombres, hay risas que ya no suenan.
    ¿Podremos mirar a esos niños a los ojos y decirles que esta vez sí lo intentamos de verdad?

    La reforma “Déjala ir” plantea un horizonte: reducir los feminicidios para 2030 y erradicarlos en 2035. Suena ambicioso, sí, pero no imposible si hay voluntad, coherencia y acción.

    Ojalá esta vez el intento no se quede en promesa.
    Ojalá esta vez, por fin, las dejen vivir.

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