Por Luisana Lora Perelló
Mientras San Juan de la Maguana marcha hoy con los pies firmes y la voz en alto, el resto del país tiene la obligación moral de escuchar. No se trata de un conflicto local. Se trata de una decisión que puede marcar el destino de toda una región, y cuyas consecuencias una vez tomadas no tienen marcha atrás.
El Proyecto Romero, impulsado por la empresa canadiense GoldQuest Mining, pretende instalar operaciones mineras en la Cordillera Central, a pasos de la Presa de Sabaneta, principal fuente hídrica que sostiene la agricultura del Valle de San Juan. Un yacimiento de oro, nos dicen. Una oportunidad de inversión, insisten. Pero nadie nos explica quién va a devolver el agua si algo falla. Nadie garantiza que, en ocho años de operación, no quedemos con la montaña herida y el río envenenado.
Los sanjuaneros no están rechazando el progreso. Están defendiendo algo que ningún contrato minero puede reemplazar: el agua que riega sus habichuelas, que llena sus ríos, que le da vida a esa provincia que alimenta al país. El 90% de la producción nacional de habichuelas viene de ese valle. ¿Estamos dispuestos a apostar eso por un millón de onzas de oro que se irán a Toronto?
El Gobierno dice que solo se está haciendo un estudio de impacto ambiental. Pero el pueblo recuerda lo que ocurrió en Pueblo Viejo, en Cotuí. Entre 2012 y 2025, la República Dominicana entregó 354 toneladas de oro valuadas en más de 18 mil millones de dólares. ¿Qué quedó? Comunidades empobrecidas, paisajes devastados y una deuda ambiental que nadie pagó. Como bien dice el pueblo: “Se llevan el oro y nos dejan el problema.”
No basta con estudios. No basta con promesas. El Tribunal Constitucional ya se pronunció en 2019 ordenando paralizar trabajos en esa zona. Una sentencia no es una sugerencia. Es ley. Y el pueblo tiene todo el derecho de exigir que se cumpla.
Desde Baní, desde Peravia, desde cualquier rincón de este país que depende del agua que nace en nuestras cordilleras, tenemos que alzar la voz junto a San Juan. El agua no respeta fronteras provinciales. Lo que contamina la Cordillera Central hoy, amenaza el futuro de todos mañana.
Hoy marchan ellos. Mañana podríamos ser nosotros. Y cuando llegue ese momento, ojalá no sea demasiado tarde.
El oro no se bebe. El agua sí.
ESPECIAL: EL ORO NO SE BEBE: UNA AMENAZA QUE NOS CONCIERNE A TODOS

