Quince machetes. Seis sevillanas. Cinco cuchillos. Alcohol. Cigarrillos. Dentro de mochilas escolares. En Baní. Esta semana. Pero lo que más duele no es el arma. Es lo que representa.

Estamos viendo algo que hace veinte años era impensable. Estudiantes que llegan a clases armados. Muchachos que le faltan el respeto a un maestro en su propia cara, que lo agreden verbalmente, que lo desafían sin ningún temor y sin ninguna vergüenza.
¿Qué pasó con el respeto? ¿Qué pasó con la figura del maestro como autoridad, como referente, como alguien a quien se le debe consideración?
Se perdió. Y no se perdió en la escuela. Se perdió mucho antes. Se perdió en el hogar.

Porque un niño no nace irrespetuoso. Un niño aprende lo que ve. Aprende en la casa cómo se trata a los demás, qué valor tiene la educación, qué significa el límite y la autoridad.
Y hay que decirlo con honestidad: hay padres que no están. Físicamente o emocionalmente, no están. Hay hogares donde nadie le pregunta al muchacho qué aprendió hoy, pero sí le dan dinero sin preguntar para qué. Hogares donde se le da todo menos tiempo, presencia y ejemplo.
Eso tiene consecuencias. Y las estamos viendo ahora, dentro de las aulas.

El maestro hoy no solo enseña. Tiene que lidiar con estudiantes que lo confrontan, que lo insultan, que lo amenazan. Que llegan al aula con más arrogancia que cuadernos.
Eso no es un problema pedagógico. Es un problema de valores. Y ningún método de enseñanza puede sustituir lo que un hijo debe aprender primero en su casa: que hay personas que merecen respeto, que existen consecuencias, y que la violencia no es una opción.

Los machetes se decomisan. Pero la crisis moral que los puso ahí no se resuelve con un operativo.
Se resuelve con padres presentes. Con hogares que formen en valores. Con adultos que entiendan que criar un hijo no es solo darle techo y comida, sino también enseñarle quién quiere ser en este mundo.
Baní merece jóvenes que lleguen a sus escuelas a construir, no a destruir. Pero para eso, primero tenemos que preguntarnos qué les estamos construyendo en casa.

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